Durante estos meses, unas cuantas personas han recibido un buen librazo en la cara o en otras partes del cuerpo, en distintas modalidades y con distintos libros, eso sí, casi todos de la biblioteca municipal. Creo que el bibliotecario sospecha algo porque desde hace tiempo cuando cojo un libro, no solo miro su sinopsis, sino que lo sopeso en la mano, compruebo su solidez y me fijo en la encuadernación, cubierta y sobrecubierta. Son alimento para mi cerebro y el arma perfecta para ‘la furia de mi niña’. Sé que continuan los rumores sobre una mujer que golpea con un libro, pero no hay nada claro y hay muchas conciencias que callan. Hay quien sabe que soy la causante de esos golpes y calla, lo que me hace pensar que la gestión de la violencia que mi deliciosa furia hace, es correcta. Tengo la impresión de que hay quien lo sospecha y calla, supongo que le parece bien lo que hacemos y, desde luego, hay muchas personas que ni se lo imaginan. Est...