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Y….¿por qué?

Pues por tres razones simples: Star Wars, la ciencia y el mal. Está muy claro, ¿no?. No, seguramente  no, así que supongo que a los que estéis aquí os parecerá bien que me explique un poco más.


   Star Wars, fue mi primer contacto con el espacio, las naves, Darth Vader, Leia y R2D2. Cada uno me aportó una cosa distinta. Salí del cine feliz. Tenía 4 años y desde entonces me han acompañado la fuerza y el lado oscuro de la fuerza. Sí, el lado oscuro también. No hay luz sin oscuridad.

    La ciencia llegó más o menos por la misma época. Mi abuelo había sido marino y había recorrido medio mundo. Le encantaba la física, la astronomía, y los barcos. Lo primero que me enseñó fue cómo rotaba la Tierra alrededor del Sol. Y siempre me dejaba hacer experimentos, que normalmente ensuciaban, explotaban o quemaban. Nos divertíamos muchísimo.

    Y esto enlaza con el mal, porque la verdad es que hacer explotar cosas creo que en todos provoca algún tipo de reflejo atávico, que desconozco si es miedo o diversión, pero que a la mayoría nos gusta y nos divierte. Bueno, o por lo menos a mis amigos. A esto hay que añadirle, que después  de muchos años de ver cine, me he dado cuenta de que el malvado de la película siempre tiene unos laboratorios geniales, montones de artefactos, cacharros, artilugios y aparatos, llenos de imaginación, que además sirven para hacer cosas alucinantes que al bueno nunca se le ocurren. En definitiva que el mal, sabe de ciencia y le gusta. Vamos que me veo perfectamente en el papel de “Jefe Supremo de Todos los Imperios del Mal”.

    Bueno, pues después de mezclar estas tres cosas, hay que añadirle una familia que me ha enseñado muchísimo del mundo, un marido que siempre me apoya en todas mis chifladuras y una cuadrilla de amigos capaces de discutir sobre el precio de los churros, o cualquier otra cosa dependiendo del día, lo que ha salido es una mujer curiosa, que no sabe nada pero que está dispuesta a aprender y aprehender cualquier cosa. Y que espera ser capaz en un futuro no muy lejano de transmitir su curiosidad por el mundo que nos rodea y sus conocimientos.

    Y ahora me dispongo a que me enseñen para poder enseñar y que el Imperio de la Ciencia perdure, se asiente y llegue a todo el mundo. 

¡QUE LA FUERZA OS ACOMPAÑE!


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