Ir al contenido principal

Entradas

Crónicas furiosas: un día de perros

Mis amistades dicen que desde hace unos meses soy otra. Sigo siendo una guindilla, soy inquieta por naturaleza, pero comentan que trasmito una paz interior que no me habían visto antes. No les he contado que ‘la furia de mi niña’ anda por aquí y que su compañía es tan relajante que no comprendo cómo la he tenido tanto tiempo escondida.      En realidad, sí sé por qué lo había hecho: formalismos sociales, presiones morales y cuestiones de convivencia. En cualquier caso, a pesar de la mala impresión que os haya podido causar, no soy agresiva, no busco enfrentamiento gratuito; soy violenta, sí, y ante los malos comportamientos y las injusticias, mi furia y yo golpeamos con precisión y ganas.      Supongo que os acordáis del incidente con el tipo del metro . Lo cierto es que me sentí genial. La furia de mi niña me acompañaba y eso me daba la certeza de que estaba lista para responder con frialdad a cualquier tipo de abuso o incorrección.      N...

Un deseo

Malax es el peor de todos los genios conocidos y por conocer. No existe ninguno en el mundo con mayor afición por hacer el mal.        A Martina le había llegado la ansiada jubilación y, tras toda una vida posponiendo tareas, comenzó por poner orden en la casa familiar.      La primera tarea el ático, lleno de cajas con quincalla de épocas pasadas. Mientras trasteaba en los recuerdos, Martina, se lamentaba del dolor de huesos, del crujido de la cadera y de lo vieja que estaba. Pensaba que la edad la marcan los dolores; si eres joven desaparecen, si eres vieja se quedan.      Encontró una pequeña lámpara entre los libros de su juventud. No la recordaba ni sabía qué hacía allí. Se dejó llevar e imaginó a un genio saliendo del interior y diciendo: “te concedo un deseo”. ¡Pobre mujer!      Malax estaba agazapado en el interior. Le gusta ocultarse en esas lámparas para sorprender a humanos incautos y engañarles. Concede un ú...

Crónicas furiosas: la furia de mi niña

El otro día un periódico local se hizo eco de unos rumores que circulan sobre mí. Me resultó muy halagador leerlo.  El titular decía: Se alerta a la población de la presencia de una mujer menuda y de apariencia inofensiva, armada con un libro.      Curioso, ¿verdad? El artículo contaba lo siguiente:      “Ayer por la tarde un conocido ladrón de móviles fue detenido por la policía municipal de Washasha, tras encontrarlo aturdido y en posesión de algunos móviles que no eran de su propiedad.      J.A.A., el presunto ladrón, sufrió el ataque de una mujer de la que, hasta el momento, se desconoce la identidad.      El portavoz de la policía supone que la mujer se percató de que el presunto ladrón intentaba cogerle el móvil del bolso. Se encaró a él y, sin mediar palabra, sacó un libro y le propinó un golpe certero en la cara. J.A.A. quedó aturdido y con una marca roja en la mejilla derecha. No recordaba ni el aspecto de la ...

Tras la pared

Se me ha pasado el dolor de cabeza, por fin. Me ha acompañado estos últimos años, pero hoy se ha ido.      — Señora, ¿se encuentra bien? —preguntó la joven. ESA MAÑANA Ya están otra vez, ni un café me puedo tomar sin oírles. Todas las mañanas lo mismo, Pedro echándole la bronca, una vez más, a María.      —¡Me cago en la puta! —dice Pedro, su particular manera de empezar la mañana. — ¡María! —llama a gritos —¡Otra puta vez que me pones el café frio, eres una inútil! — Suena un golpe.      No entiendo cómo es capaz de gritar de esa manera. Cada desayuno es lo mismo, oigo a María preparar las cosas y Pedro, su marido, se cabrea y le grita. Las razones variadas, las habituales: no está como él quiere, está demasiado caliente, tremendamente frio, no quería café.      María calla. Nunca le he dicho nada sobre esas broncas. Solemos coincidir en el hospital, ella trabaja allí. No quiero que penséis que soy una mala persona, ¡qué...

Un agujero en el pantalón

Tenía un agujero en el pantalón. Verlo le recordó que no podía comprarse uno nuevo y las brujas de sus supuestas amigas lo sabían. ¡Con lo que había sido ella!      Estaban en la flor de la vida: profesionales, madres, amantísimas esposas de alguien y con una red de amistades extensa y sólida. En realidad, esto último no era cierto, la falsedad era su bandera.      Mirando ese agujero se dio cuenta de que le hacían el vacío y conocía la razón: había perdido su trabajo. Ya no era la jefa de relaciones públicas que les conseguía entradas gratis.      Se mantenía dentro del grupo, pero no encajaba. Intentaba ser amable, jamás dejaba un mensaje sin contestar y se alegraba o entristecía al ritmo que marcaban las conversaciones de WhatsApp, pero estaba fuera del juego.      Observando el agujero entendió que todas eran perfectos simuladores de preocupación fingida, exagerada y vacía de contenido, tanto que podrían llegar a ser la...

Tres diamantes

Se marchó porque se había abierto un resquicio en la confianza de los dueños de la joyería.  Llevaba allí un año más o menos cuando se produjo el incidente. Se le había caído el cepillo de madera, ese con el que limpiaba el suelo de la Sala de los Diamantes, provocando que una bandeja llena de diamantes saliera despedida, desperdigando su contenido. El joyero era un poco asustadizo y, el sonido del cepillo al chocar contra el mármol, provocó el desastre.      En su vuelo algunos cayeron al cubo de fregar, otros quedaron atrapados entre sus ropas y hubo tres que no pudieron encontrar. El joyero se puso nervioso ante el desaguisado. Volcaron el agua de fregar sobre un tamiz para rescatar los que habían caído dentro.       En presencia de la mujer del joyero hicieron desnudarse a Mari y sacudir su ropa para que se desprendieran los que estaban perdidos entre los pliegues. Sin embargo, a pesar de los esfuerzos y la búsqueda, no encontraron tres de aqu...

May the ´Darth´ side of the Science be with you.